En estricto rigor, cuatro primaveras

Un padre, un aprendizaje, un niño.

Un calcetín de lana

Pelaito lindo, acabas de cumplir tres. Ya tres años, tres vueltas al sol, tres veranos, inviernos y otoños -y en estricto rigor, cuatro primeraveras- la mayoría en Punta Arenas, pero en esta ocasión los cumples metido en la Cordillera de los Andes, lejos del Estrecho que tanto miraste por nuestra ventana cuando te convertiste en un “chumanguito”.

Con tus tres años, cumple también tres años esta columna. Porque como si fuera casualidad, si bien enviadas antes, estas letras comenzaron a aparecer recién una vez que tú llegaste con nosotros. Changuito lindo, como si fuera casualidad comencé escribiendo sobre el “descanso social”; sobre tener un respiro del mundo real, para digerir las cosas que nos pasan. Y cuando llegaste, los primeros días con tu mamá tuvimos harto que conversar, guardados del resto del mundo.

Así son a veces las sorpresas, pero yo hoy diría que las sorpresas terminan siendo todas buenas…

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